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MANUEL GÓMEZ ACHÉCAR

MANUEL GÓMEZ ACHÉCAR

Una vida marcada por la superación personal y el bien social

Desde que tenía unos quince o dieciséis años, Manuel siempre tuvo el sueño de ir a los Estados Unidos para hacer una especialidad. Su meta, como profesional, era hacer un posgrado, pero gracias a su empeño de ir más allá, también hizo el doctorado. Siempre ha tenido muy claro que el respeto es una de las claves para alcanzar el éxito, pero sobre todas las cosas hay que estar dispuesto a vivir al servicio de los demás.

Todos en la familia pensaban que Manuel sería doctor, lo que no pensaban era que su doctorado no sería en medicina, sino en ingeniería. Él no creció con su padre, Arturo Gómez Pérez. Su madre se divorció cuando él apenas tenía tres o cuatro años de edad, así que su madre, Faride Achécar, que era costurera, lo crio sola, a él y a su herma Dulce, en Pimentel. “Mi madre nos crio pensando siempre en que teníamos que estudiar, y como mi tío Franco Achécar era médico, todo el mundo creía que yo también iba a ser doctor, porque él le decía a mi madre que no se preocupara, que cuando yo fuese al bachillerato y a la universidad, él se iba a hacer cargo”. Y fue así. Cuando terminó la primaria, como en su pueblo no había secundaria, se fue a vivir a Moca, donde vivía en aquella época su tío Franco Achécar, quien se había casado con una mocana. Allí estudió en el Liceo Domingo Faustino Sarmiento, cuatro años. “De esos tiempos conservo amistades”, recuerda.

En sus días de bachillerato, participó en el Santo Cerro de un seminario sobre La doctrina social de la iglesia. Era una actividad con estudiantes de liceos y colegios de todo el país, “más de 300”, dice. Allí, se explicó la diferencia entre la doctrina social de la iglesia y el comunismo; pero más que el interesante tema, lo mejor del viaje fue que allí estuvo también la que hoy es su esposa, que asistió desde Jarabacoa; pero hablaremos de eso más adelante.

Retomando el tema del bachillerato, recuerda su gran afinidad con las matemáticas. “Cuando conocí el álgebra, me fascinó, y la trigonometría, uno de mis compañeros hasta un poema me sacó, allá en Moca”. Llegó el momento y todo estaba listo para iniciar la universidad, pese a que era una época de muchos problemas.

 


Autor: Construmedia

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